Respuesta a: Actividad Módulo 1

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Analizar conductas es más complicado de lo que parece, la actividad propuesta es solo un ejemplo y el análisis hay que hacerlo “en directo” y observando la situación in situ, por lo que algunas de los antecedentes en la actividad tenemos que inferirlos.
En general creo que habéis reconocido mejor las consecuencias de las conductas. Seguramente al pensar sobre topografía y función os habéis cuestionado que es complicado saber a ciencia cierta si la topografía es adecuada o no y si la función es adecuada o no. Las funciones en general son adecuadas pero requieren de un cambio de estrategia, porque efectivamente uno puede pensar “me aburro en la asamblea” pero no te puedes levantar. Pero es útil reflexionar y plantearnos que “levantarse” en el caso de Laura es una función adecuada, es su manera de poder expresar lo que siente y tendríamos que aprovechar esa función, sería el entorno lo que hay que modificar para enseñarla a a negociar, a tolerar, a participar…lo veréis en los módulos siguientes.

En cuanto a los antecedentes, hemos de tener en cuenta (y registrar) lo que ocurre en el entorno, no podemos considerar solamente la dificultad de la tarea en sí o la propia actividad, en todo caso la falta de apoyo o de ajuste en el entorno para realizar una actividad es lo que se consideraría un antecedente. No podemos considerar nunca como antecedente las propias dificultades de la niña porque el problema se sitúa en la relación entre el entorno y la niña.
Por ejemplo, si pensamos en el espejo, el antecedente claro es la falta de ajuste físico del entorno. Un espejo enorme en el espacio donde se hace la asamblea es un estímulo inadecuado que provoca inatención en muchos niños. Simplemente cubrirlo con una tela ya provoca un resultado positivo importante.

Si pensamos en todas las demás conductas, el antecedente que tenemos que plantearnos desde la perspectiva del Apoyo Conductual Positivo es:
¿Está estructurada la actividad? ¿Es predecible? ¿Todos los días es igual? ¿Cómo se anuncian los cambios?,¿Hay suficiente apoyo visual?, ¿Qué ha ocurrido antes de la asamblea?
Si nos planteamos esta serie de preguntas y otras parecidas, después podremos realizar pequeños cambios con resultados muy significativos.
Por ejemplo, en el caso de Laura, lo que ocurría es que la asamblea se realizaba de manera aleatoria, con un orden diferente y con excesiva carga oral y poco apoyo visual. Desde que entraba en la clase, pudimos observar una marcada diferencia en los días en que la profesora desde el primer momento la guiaba para colgar su mochila, ayudarla a ponerse el babi e ir sentándose en el espacio de la asamblea. Estos dias solían ir muy bien y en cambio se mostraba mucho más irritable el día en que estaba unos minutos deambulando por la clase, no se llegaba a poner el babi y no se producía una guía desde el principio. Cuando se estableció una pauta de entrada más fija, simplemente ese cambio ya generó una reducción importante en las conductas disruptivas de Laura.
Además, se propusieron otros cambios, en la asamblea se estructuró una rutina similar a diario, usando un cancionero para dar a elegir y anticipar las canciones (ya se usaban algunas imágenes antes y Laura sabía mejor precisamente las canciones de los meses del año o los días de la semana, que la profesora iniciaba mostrando los dibujos de la pared). Se puso una lona sobre el espejo y la profesora empezó a sentar a Laura muy cerca de ella y hacia una esquina del espacio donde no tenía “campo libre” para levantarse, por lo que si intentaba levantarse podía tocarla y regularla mediante contacto físico o con pequeñas consignas “Espera, Laura, que ahora vamos a cantar” o bien levantarse y acompañarla a coger algo como ayudante. Esta gestión de la proximidad y el espacio se aplicó también a otros compañeros más inatentos y todos los niños y niñas del grupo se beneficiaron de una asamblea más previsible, de las posibilidades de elección con las canciones y de una mayor receptividad por parte de Laura, que al estar más tranquila redundaba en la tranquilidad de todos.

Voy a hacer una mención a la conducta de “recoger miguitas”, que suele pasar desapercibida y puede ser en sí misma una conducta obsesiva. El problema de las conductas obsesivas es que parece que calman y es justo lo contrario, que los niños que las tienen, se ponen nerviosos cuando no las realizan y es posible que tengan una rabieta simplemente cuando se les impide realizar esa conducta en sí. En el caso de Laura, le había ocurrido de más pequeña, en el comedor no podía permanecer sentada porque estaba permanentemente intentando recoger migas de pan. Se había interpretado su falta de interés por el alimento como una “necesidad de levantarse” y se pensaba que esa conducta de recoger migas la calmaba y así podía estar en el comedor con todos, cuando precisamente era al revés: la conducta obsesiva de recoger migas le estaba impidiendo sentarse a comer con los demás. No siempre va a ser sencillo el ajuste del entorno, pero nuestro análisis es fundamental para poder actuar de forma positiva sobre la conducta. Este tipo de conductas obsesivas requieren un análisis diferencial para promover actuaciones en cada caso pero sí que me gustaría que tuviériais en cuenta el cambio de interpretación: No relajan, digamos que son adictivas y no es útil para su desarrollo que los niños permanezcan en ellas aunque den esa impresión de estar relajados. Son conductas aparentemente inocentes, pero que generan muchas consecuencias negativas para el desarrollo.

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